Roger Federer había ganado ya 17 Grand Slams, más de 80 títulos profesionales y llevaba 10 años acabando como número uno o dos del mundo. Pero le quedaba un reto por conquistar: conseguir dar a Suiza la primera Davis Cup de su historia. En 2014, con Stan Wawrinka como escudero de lujo, por fin inscribieron su nombre en el palmarés.

Arnaud Clement reunía a sus hombres antes de que el estadio Pierre Mauroy, en Lille, le diese al equipo francés una acogedora bienvenida. Arrancaba la ceremonia de apertura de la final de la Davis Cup; y junto al capitán Clement, Jo-Wilfried Tsonga, Gael Monfils, Richard Gasquet y Julien Benneteau trataban de disfrutar del ambiente. Sabían que contaban con un buen equipo; que la condición de locales jugaba a su favor; que la tierra batida que habían elegido podría ser su mejor aliado, … pero aún y así, jugadores, capitán y afición sabían que no era favoritos.

Al otro lado de la red, Suiza escuchaba su himno nacional orgullosa y cargada de confianza. En sus filas, toda una leyenda como Roger Federer. A su lado, Stan Wawrinka, que aquel 2014 pasó todo el año entre los cuatro mejores del ranking profesional. Aguardaban tres días de competición y uno de los dos equipos iba a levantar la Ensaladera. Francia buscaba su décimo título. Llevaba cuatro años sin meterse en la final. Suiza, por su parte, soñaba con una primera Davis Cup.

El mejor Monfils, todo un muro para Federer

Un tenista fue el claro protagonista del primer día de competición: Gael Monfils. Tras la victoria de Wawrinka por 61 36 63 62 ante el número uno francés, Tsonga, Suiza disponía de una ocasión de oro para adelatantarse por un 2-0 y marcar con ello una distancia quizá insalvable para su rival. Pero Monfils estaba dispuesto a impedirlo aún y sabiendas que era Federer quien le esperaba al otro lado de la red. Con plena inspiración, sin fisuras y aupado por su público y la ambición de conseguir un empate a uno en el marcador, superó al helvético por 61 64 63 en el que a día de hoy sigue siendo uno de los partidos más destacados de su carrera.

© Paul Zimmer / ITF

Gael Monfils

Para el doble del sábado estaban designados Benneteau y Gasquet por Francia y Chiudinelli y Lammer pos Suiza, pero todo hacía prever que serían Wawrinka y Federer quienes -acogiéndose al cambio permitido por el reglamento- jugarían aquel crucial tercer punto.

“Definitivamente estoy 100% disponible si el capitán decide contar conmigo para el doble” comentaba Federer tras caer ante Monfils. “El partido avanzaba y me iba sintiendo cada vez mejor. Y eso es muy motivador. Quiero pensar que me iré sintiendo mejor a medida que el fin de semana avance”.

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Richard Gasquet y Julien Benneteau

Y Severin Luthi, el capitán suizo, no lo dudó. El sábado Federer, con mucha más confianza y liderazgo que el día antes, tomó las riendas del encuentro para lograr junto a Wawrinka la victoria por 63 75 64 poniendo a Suiza a un punto de la victoria.

Cita con la historia

Todo estaba listo, servido en bandeja, para que el propio Federer lograse el punto definitivo. Los números uno de ambos equipos se medían en el primer encuentro del domingo y la expectación no podía ser mayor. Pero al guión de aquel desenlace le aguardaba un inesperado contratiempo producido en las filas del equipo francés. Tsonga era baja tras haberse resentido de una dolencia en su brazo, y a Clement no le quedaba más opción que confiar en Richard Gasquet para medirse a Federer. Un 2-12 marcaba el head-to-head de ambos hasta entonces, con pleno dominio para Federer, y una vez más la victoria cayó de su lado por 64 62 62 esta vez. 

Todo el equipo de Suiza se abrazaba en pista y la Davis Cup lucía así nuevos campeones.

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Stan Wawrinka y Roger Federer

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