Mientras a un lado de la pista Andrey Rublev y Karen Khachanov se fundían en un abrazo y clamaban al cielo; en el otro, Novak Djokovic y Viktor Troicki caminaban hacia la red, con los ojos llorosos y la respiración casi entrecortada, conteniendo su enorme tristeza. No había consuelo posible. La dramática eliminación de Serbia en en cuartos de final de las Davis Cup by Rakuten Finals 2019 es parte ya de la historia de una competición donde la épica de las emociones ha marcado sus 120 años de historia.

No existían las palabras adecuadas y sus miradas comunicaban demasiadas cosas a la vez. Imposible olvidar para todos los allí presentes el tie break del tercer set que en el decisivo encuentro de dobles midió el viernes 22 de noviembre de 2019 a los equipos de Serbia y Rusia. Unos pocos puntos y una inmensa presión iba a decidir cuál de los dos equipos pasaba a semifinales. Daba la sensación de que no existía el cansancio, de que ninguno de los tenistas escuchaba ya a sus cuerpos. Solo valía darlo todo en la pista y ni tan siquiera los capitanes eran capaces de romper la necesaria concentración con la que aquellos cuatro tenistas debían afrontar aquel trance.

Se hizo el silencio. Nadie era capaz de articular palabra en una pista central de Caja Mágica que se había ido llenando de más y más público. Se sucedían los saques, las subidas a la red, la valentía de golpes casi imposibles, los puños cerrados, las miradas entre los jugadores, las celebraciones contenidas y los errores también.

Una mirada con mayor peso que la del resto, la del serbio Novak Djokovic, número dos mundial en aquel momento y consciente de que una posible final frente a la España de Rafael Nadal estaba en el horizonte del domingo si eran capaces de superar aquellos cuartos y las semifinales. Su ambición era el reflejo de la de todo un equipo en el que repetían - aunque con distintos roles - los mismos jugadores que nueve años antes, en 2010, habían dado a Serbia su primer título de Davis Cup. Pero esta vez no les aguardaba un final feliz.

© ITF / Paul Zimmer

Rublev y Khachanov estaban dispuestos a seguir sumando juntos con la potencia y acierto de sus golpes, y a pesar de ello, Serbia, por tres veces, se colocó con bola de partido pero no pudo aprovecharlas. Los balcánicos habían dejado escapar dos ocasiones ante dos de los mejores tenistas del momento. El coste que aquello podía tener empezaba a sobrevolar; y cuando un servicio infernal de Rublev acabó por dar el tie break y la victoria a los rusos, ya nada más se podía hacer. Serbia caía eliminada.

Mientras los tenistas rusos celebraban con el equipo su victoria, a apenas pocos metros Trocki cubría su cabeza con una toalla aceptando desconsolado lo que no había podido ser. Djokovic se acercaba a él para darle un cariñoso beso de consuelo al tiempo que contenía su tristeza y decepción. Janko Tipsarevic, que se despedía de la competición, trataba de apoyar a sus compañeros como podía mientras que Nenad Zimonjic, su indiscutible capitán y también amigo, veía ante sus ojos el difícil destino que como equipo debían asumir con deportividad. Apenas media hora después, todos rompían a llorar en plena rueda de prensa.

Rusia había ganado en pista y era el justo semifinalista; y la Davis, una vez más, agranda su legado gracias a la generosa entrega física y emocional de los tenistas que luchan por hacerse con ella con enorme compromiso y pasión.

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© ITF / Paul Zimmer

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